Juan Diego Salinas

Experiencia en Honduras

Honduras, esa extraña ciencia

Una de las grandes aportaciones de los mayas a las Matemáticas  fue la invención del cero. Gracias a esa invención, cobraron sentido el conjunto vacío, la equiparación exacta de magnitudes similares, mediciones astronómicas o, simplemente, la contabilización de los años de una persona.

Unos cuantos siglos después, los hondureños, privilegiados descendientes de aquella esplendorosa civilización, también han contribuido a ampliar los conocimientos de la ciencia en general y de las matemáticas en particular. Aportaciones quizá invisibles para una insensible wikipedia pero que florecen en cualquier investigación sobre el terreno. Anexos que lejos de ser fugaces, permanecen por tiempo en aquellos que hayan pasado por el laboratorio catracho (hondureño). Lecciones impartidas ora por un profesor experto ora por un chiquillo huérfano, catedrático en supervivencia callejera.

Así, si los mayas inventaron el Ø, los hondureños re-descubren el mundo de los números negativos. Partimos de que la situación económica de la mayoría de la población ha contribuido a que se especialicen en los dígitos fraccionarios. En efecto, hay que racionar la comida para que alcance a todos los miembros de la familia (propia y allegada) aunque sea en detrimento de la frecuencia en que ésta aparece en la mesa; se debe encontrar solución a una compleja división compuesta por 7 ó 8 personas – de varias generaciones – a repartir en 2 ó 3 camas; y estirar cada lempira que entra en casa. La problemática aumenta cuando al experimento se añaden un grupo de voluntarios extranjeros y despistados. Es ahí cuando se da el salto al conjunto de los números negativos. Y es que, con una sonrisa de oreja a oreja, reducen su ya pingüe plato de comida para duplicar tu porción y ofrecerte lo poquito que tiene su desnuda despensa; minimizan sus horas de sueño para levantarse antes a moler maíz con el que cocinar las tortillas que te despertarán de esa cama que te han cedido dos chicos que han tenido que arañar un trozo del ya de por sí poblado colchón de sus hermanos; o sustituyen sus tareas por atenderte en cualquier momento. Ha sido una de las lecciones más impactantes de este pequeño curso práctico que es el voluntariado; el ver como comparten hasta lo que no se tiene, como se sacrifican por unos desconocidos, como dan antes de recibir, y te ceden casa, mesa y cama sin esperar nada a cambio. He visto niños desnutridos y con hambre compartiendo una única galleta con su compañero de clase. Sin duda, ésta es otra academia.

Otro avance matemático es el cambio de concepto de . Y en este ámbito ha contribuido mucho la doctrina ACOES. Mientras que aquí en Europa ya nos cuesta esfuerzo llevarlo hasta su vertiente pseudo-mayúscula Σsímbolo de sumatoria de donaciones, contribuciones y aportaciones, en Honduras el botón más usado en las calculadoras de ACOES es el de ℮xponencial. Resulta asombroso descubrir como trabajan afanosamente y sin descanso hasta hallar una particular tasa de cambio que convierte esos euros que llegan de Europa en lempiras de manera exponencial. Es la única manera de conseguir que esos contados recursos alcancen para escuelas, comedores, centros de acogida, proyectos educativos particulares, uniformes y material escolar, construcción de vivieHa sido una de las lecciones más impactantes de este pequeño curso práctico que es el voluntariado; el ver como comparten hasta lo que no se tiene, como se sacrifican por unos desconocidos, como dan antes de recibir, y te ceden casa, mesa y cama sin esperar nada a cambio. He visto niños desnutridos y con hambre compartiendo una única galleta con su compañero de clase. Sin duda, ésta es otra academia.ndas, financiación de obras, plantillas docentes, alimentos, casas populorum, medicinas y tantas y tantas ayudas. Y, maximizando la rentabilidad, se multiplican los críos y las familias que se benefician de toda esa labor que realizan a diario decenas de hondureños, tanto populorum como CCJs (colaboradores que viven en las casa populorum los primeros, o en sus propias casas en Tegucigalpa, los segundos).

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En un desarrollo a juego entre la aritmética y el álgebra, también han sabido el Padre Patricio y su equipo de analistas salir airosos de complejos sistemas de ecuaciones con múltiples incógnitas que parecían predestinadas a tender al infinito. Cada caso, cada ejercicio, cada ecuación viene influenciada por constantes en forma de factores externos que condicionan el resultado (carreteras y calles accidentados, caminatas interminables, robos, escasez de medios, maras, falta de comunicación, apoyo mínimo de las propias familias, incomprensión, envidias y recelos o una ayuda institucional multiplicada por cero son algunos de ellos). Los delineantes de ACOES, escuadra y cartabón en mano, han resuelto y trasladado a gráfica ecuaciones más propias de un entrelazado laberinto que de lo que se pueda entender como problemas cotidianos. Una de las incógnitas recientemente halladas fue la del robo de material informático de la base central en la casa Monterrey. Tras varios días de investigación y hábiles hipótesis, la resolución fue la siguiente: X = localizados los autores del robo que, además, eran reincidentes; Y = recuperación del material robado tras acudir directamente y en persona donde se encontraban estos delincuentes;  Z = en lugar de buscar un castigo para éstos, el Padre Patricio ¡los acabó invitando a merendar! Propio de una tesis doctoral, ciertamente.

Por desgracia, los hondureños, también han desvirtuado parte del cálculo matemático. Incluso yendo a la base de éste mismo. Así, han descubierto lamentablemente como 2+2, cuando se trata de términos monetarios, pasa a ser 3. ¿Cómo se cuadra esa igualdad? Sencillo. Encerrando entre paréntesis comisiones, sobornos, robos y misteriosos agujeros. Un desgraciado invitado como denominador común en política y poder en el país. Una constante que lastra los avances sociales del país y tiñe de incierto el futuro de las inversiones y donaciones extranjeras en Honduras así como el devenir del pueblo hondureño.

Sin embargo, lo más sorprendente y maravilloso de estas aportaciones no son en sí ellas mismas sino el centro de análisis donde se han gestado estos descubrimientos. Abrir la puerta de este laboratorio-escenario es hallar un mundo de pobreza que alcanza a de miles de personas sin compasión (cientos de miles de personas viven en los barrios periféricos de Tegucigalpa sin agua potable, sin aseos, sin carreteras…); es encontrar una red inevitable de delincuencia como el medio más fácil para comer y “ser alguien” en la vida (las pistolas pueden silbar alegremente sus balas en cualquier esquina); es asumir un termómetro de corrupción que asciende a medida que aumenta el área de poder (14 familias se reparten la riqueza del segundo país más extenso de Centroamérica); es buscar inútilmente conciencia ciudadana colectiva frente a la desdicha individual (tan solo las decenas de religiones y predicadores consiguen unir a los hondureños con un fin común. Las iniciativas empresariales o sociales son muy escasas); es preguntarse el porqué del bajo nivel cultural y la alta tasa de abandono escolar (la media de escolarización de un chico, durante su vida, es de 4 años. La mayoría deja los estudios antes de acabar); es perder el hilo que reconduce su futuro (es el segundo país que más ayuda externa, que no inversiones, recibe de América Latina y depende en exceso de este factor)… Y en este entorno que solo invita al desánimo el voluntario encuentra asombrosamente gratitud, generosidad, confianza y respeto por parte de sus gentes. Porque te tratan de usted; porque saben que vas ayudar y se entregan, te escuchan, te observan y creen ciegamente en ti; porque te abrazan y besan con intensidad fruto de un sentimiento puro y transparente; porque te reservan la mejor de sus sonrisas y no saben esconder las gracias en su mirada, porque te dan antes de saber siquiera si van a recibir.

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Pero las matemáticas es también un lenguaje encriptado numéricamente. Y en el terreno lingüístico los hondureños tampoco dejan indiferente. Es muy llamativo comprobar como en ese entorno gris de suciedad, delincuencia, prostitución, analfabetismo o corrupción, surge el color en forma de armonioso léxico. ¿Quién esperaría que de un niño que vive en un barrio marginal se escuche tan a menudo “lindo”, “cielo”, “ beso”, “color”, “te quiero”…? Incomprensiblemente único.

Por último, todo hallazgo científico requiere contrastarse con la realidad para ser refutado. En ese ejercicio te encuentras cuando, tras un largo día en Honduras, reflexionas y te pones en la piel del tribunal que tiene que aprobar la tesina. Mi realidad dice que nosotros hemos cambiado el verbo dar por el de negociar, cuando en Honduras se han salido de sus camas o han dejado su plato para ofrecérmelos altruistamente. Mi experiencia habla de nuestras exigencias en servicios sociales, comidas, modas… donde allá las mismas carencias, platos y vestidos se repiten incansablemente día tras día. Mi presente indica que nuestro bagaje de palabrotas y expresiones malsonantes es infinito por un simple atasco o un partido de fútbol, en contraste con un “Gracias por al ayuda, le quiero mucho y espero que tenga muchas bendiciones” con el que me han despedido en varias escuelas catrachas chicos que apenas tratas durante un mes. Mi día a día descubre que vamos por la calle con cara seria, que apenas sonreímos, que nos quejamos por minuciasmientras que en Honduras me ha sonreído, abrazado y besado un crío con una marca cicatrizando alrededor de su cuello, consecuencia del intento de suicidio del día anterior por sus problemas familiares.

No podemos caer en la demagogia y es justo reconocer que cada sociedad es distinta y nos adaptamos, yo el primero, a la realidad que nos rodea. Pero, volviendo a la refutación científica, se hace inevitable lanzar la pregunta al aire; ¿Realmente somos aquí tan sabios como creemos?


En nuestra galería hemos publicado el reportaje gráfico que Diego realizó durante su visita a Honduras.

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